martes, 11 de agosto de 2015

FEDERICO GARCÍA LORCA, SEIS POEMAS GALEGOS


FEDERICO GARCÍA LORCA 
Federico García Lorca visitó en varias ocasiones Galicia, alguna de ellas con su compañía teatral La barraca
A Lorca le gustaron los verdes paisajes gallegos y los monumentos y las calles empedradas de Santiago de Compostela.
Gracía Lorca que era ya una figura reconocida en toda Europa, tras haber publicado Romancero gitano (1924-27) y Poeta en Nueva York (1929-30), se atreve con el gallego y poetiza en esta lengua.














GARCÍA LORCA EN GALICIA
Federico García Lorca en la terraza de un café madrileño con Ernesto Guerra da Cal, uno de los amigos gallegos que acompañaron al poeta  andaluz durante su visita a Santiago.


García Lorca con Ernesto Guerra da Cal

Las siguientes dos fotografías pertenecen a los viajes de Lorca por las tierras gallegas en la época de la compañía teatral La Barraca. 
Lorca en Betanzos en 1932
La foto anterior corresponde a un viaje que hizo Lorca a Galicia en la primavera de 1932. 
El poeta granadino fue invitado por el Comité de Cooperación Intelectual, organismo fundado por la República. 
Lorca aparece junto al cruceiro de la Iglesia de San Francisco, en Betanzos, junto a varios de sus amigos gallegos. 







En la foto, Federico García Lorca se retrata con otros compañeros con el uniforme del grupo teatral universitario de La Barraca en este mismo viaje a tierras gallegas.





SEIS POEMAS GALEGOS


García Lorca publicó en 1935 un libro titulado Seis poemas galegos, en la Editorial Nós, dirigida desde Santiago de Compostela por Ánxel Casal.

Los seis poemas son: "Madrigal á cibdá de Santiago", "Romaxe de Nosa Señora da Barca", "Cantiga do neno da tenda", "Noiturnio do adoescente morto", "Canzón de cuna pra Rosalía de Castro, morta" y "Danza da lúa en Santiago".

Para componer los seis poemas que escribió en gallego Gracía Lorca tuvo la ayuda, al menos ortográfica, de Eduardo Blanco Amor, novelista que manejaba perfectamente tanto su idioma como el castellano, autor de A esmorga, una de las mejores novela escritas en gallego.

Federico García Lorca compuso estos seis poemas animado por su amigo el actor ferrolano Ernesto Guerra da Cal, que, según las propias palabras de Lorca, hizo una labor de "diccionario viviente".


Este poemario que es el único que Federico García Lorca no publicó en castellano, tuvo un gran éxito y fue el libro en gallego del siglo XX más reeditado, traducido y versionado.


Álvaro Cunqueiro le dedicó dos trabajos periodísticos y, ya desde su publicación, la crítica literaria destacaba cómo el ya famoso internacionalmente Federico García Lorca conectaba con una tradición que se remontaba a la Edad Media, cuando el rey Alfonso X el Sabio, Villasandino, el marqués de Santillana y otros poetas de diversos pueblos y lenguas componían sus versos en gallego-portugués.


Castelao, en Sempre en Galiza, escribía que "O noso idioma ten tal fremosura que un poeta andaluz como García Lorca -o poeta mártir-, non foi quen de resistir o seu engado e compuxo poemas en galego".


Este es uno de los poemas pertenecientes al libro Seis poemas galegos de Federico García Lorca:

VI. DANZA DA LÚA EN SANTIAGO 



¡Fita aquel branco galán,
olla seu transido corpo!

É a lúa que baila
na Quintana dos mortos.

Fita seu corpo transido
negro de somas e lobos.

Nai: a lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¿Quén fire potro de pedra
na mesma porta do sono?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

¿Quen fita meus grises vidros
cheos de nubens seus ollos?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

Déixame morrer no leito
soñando con froles d’ouro.

Nai: a lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¡Ai filla, co ar do ceo
vólvome branca de pronto!

Non é o ar, é a triste lúa
na Quintana dos mortos.

¿Quén brúa co-este xemido
d’imenso boi melancónico?

¡Nai: É a lúa, a lúa
coronada de toxos,
que baila, e baila, e baila
na Quintana dos mortos!


VI. DANZA DE LA LUNA EN SANTIAGO 

¡Observa a aquel blanco galán,
mira su transido cuerpo!

Es la luna que baila
en la Quintana de muertos.

Observa su cuerpo transido
negro de sombras y lobos.

Madre: la luna está bailando
en la Quintana de muertos.

¿Quién hiere potro de piedra
en la misma puerta del sueño?

¡Es la luna! ¡Es la luna
en la Quintana de muertos!

¿Quién observa mis grises vidrios
llenos de nubes sus ojos?

¡Es la luna! ¡Es la luna
en la Quintana de muertos!

Déjame morir en el lecho
soñando con flores de oro.

Madre: la luna está bailando
en la Quintana de muertos.

¡Ay hija, con el aire del cielo
me vuelvo blanca de pronto!

No es el aire, es la triste luna
en la Quintana de muertos.

¿Quién brama con este gemido
de inmenso buey melancólico?

¡Madre: Es la luna, la luna
coronada de tojos,
que baila, y baila, y baila
en la Quintana de muertos!



LA PLAZA DE LA QUINTANA  


Es una plaza contigua a la catedral de Santiago de Compostela a la que una amplia escalinata divide en dos partes. 
La plaza de la Quintana sirve como lugar de encuentro y sus escaleras como gradas para los espectadores de las actuaciones musicales y artísticas que tienen lugar en ella.
La parte de abajo de la plaza es la Quintana dos mortos, llamada así porque en el lugar hubo antiguamente un cementerio hasta el siglo XVIII, la parte de arriba se conoce como la Quintana dos vivos.


LA LEYENDA DEL FANTASMA DE LA QUINTANA DE MORTOS
En la plaza de la Quintana de mortos de Santiago de Compostela, al caer la noche, en una de las esquinas cercana a la Puerta Real, aparece la sombra de un misterioso personaje que parece ir vestido de peregrino con su calabaza y bordón, sombrero de ala ancha y capa.

La leyenda urbana cuenta que tal vez sea un alma en pena de un peregrino que espera el perdón de sus crímenes a la puerta de la catedral.

Otras versiones hablan del fantasma de un sacerdote de la catedral enamorado de una monja de clausura del cercano monasterio de San Paio de Antealtares a la que, noche tras noche, espera en vano para fugarse con ella o, tal vez, se trate de alguna de las almas de aquellos que reposaban en el cementerio que ocupó el espacio de la plaza de la Quintana de mortos.




















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